sábado, 6 de agosto de 2016



LABRADOR OLVIDADO

Gotas de sudor en la frente; uñas rotas por el hambre; pestañas empolvadas de injusticia; hombros curvados sin descanso; pies gastados por cabalgar montañas sin final.

Al amanecer la estrella enciende sus cabañas asiladas; en el atardecer la cordillera abraza de frío sus temores del mañana.

La tempestad grita de soledad; el aire contagiado por voces de amargura son melodías de abundantes noches.

Son plantas marchitadas que han sido maltratadas desde hace mucho tiempo por bestias enloquecidas por su ambición.

“La semilla de sus creencias es la fuerza de querer vivir; y el cultivo de sus hijos es el arma contra la adversidad”.

Autor: Marco A. Peña


MI CULPA

El viento golpea mi rostro y emergen lágrimas de frío.
Mis manos se arrugan como grietas en el campo; mis labios se tornan negras por no haber besado a mi madre alguna vez.

Mis ideas se hunden; mis pensamientos caen al fondo de mi egoísmo; esta noche estoy solo con la amargura de mi ser.

Mi infancia olvidada; mis pantalones apretados y los juegos de ayer, hoy están a mi lado.

Respirabas mis alegrías, penas e ilusiones; me abrigabas con tus caricias; ahora que no te tengo siento la desdicha de no haberte dicho “te quiero” cuando tu corazón aún latía.


Autor: Marco A. Peña



“TEN PIEDAD”

No puedo respirar ni mover mis manos; los ojos ya no penetran la realidad; mis pensamientos se apagan. ¡Qué pasa!
¡Abran! Por favor, sáquenme de aquí; ahora lloran mis recuerdos y afuera los que más me han querido.

Afuera cantan los coros de mi adolescencia; no quiero monedas sino un te quiero. ¡Abran! Déjenme verlos y acariciarlos porque está presión enloquece mi calma.

¡Quién me escucha! ¡Por favor! Traigan un poco de la dulce miel del amor de mi madre.

Tal vez sea un sueño o una ilusión en vida pero necesito que me quieran como yo los quiero; no me olviden al pasar ya que con sus miradas me han convertido en un monumento en vida.


Autor: Marco A. Peña



ANCIANO DEL RECUERDO


Sus ganas de vivir van descendiendo; caminan cojeando ya que han recorrido por el sendero más accidentado de la vida.
Su mente pierde lucidez, sus cabellos se tiñen de paz por todas las guerras que han sufrido.

Ahora el tiempo está tragando los recuerdos y él olvida los amores fracasados; los aromas más ardientes de su piel que alguna vez fueron huellas del pasado efímero.

Las arrugas son parte del destino, su lenta pisada es parte de la constancia; su imagen de soledad; su rostro decaído es la representación de la patria en que vivió.


Autor: Marco A. Peña